Bajo la estela de Ibsen
RESEÑA/ Casa de muñecas. Parte 2. Dramaturgia: Lucas Hnath. Dirección: Lucho Tuesta. Teatro de Lucía.
Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR
Difícil no caer en comparaciones. Más si se trata de una obra que se plantea como una secuela de la obra clásica del noruego Henrik Ibsen: Casa de muñecas. Y en ese sentido, Casa de muñecas, parte 2, del dramaturgo norteamericano Lucas Hnath, palidece frente al portento de Ibsen. En la obra del noruego, el personaje de Nora evoluciona de manera visible y conmovedora, desde la sumisión propia de la época hasta la rebeldía en la que la encontramos hacia el final de la trama. Como recordarán, Nora abandona su familia, marido e hijos, en pos de la libertad, la independencia y la búsqueda de la propia realización personal.
En la secuela de Hnath -un éxito rotundo en Broadway, por lo que sé, vemos a Nora retornar luego de quince años de ausencia. Ella ha ido logrando sus metas. Es ahora una escritora de libros sobre la liberación femenina -se dice que tras la lectura de sus libros, muchas mujeres la han imitado y han abandonado sus hogares-. Ella regresa por un asunto legal: técnicamente aun continua casa con Torvald.
La tensión dramática parece reducido a lograr que Torvald firme el divorcio, pues en la ciudad donde vive ahora, Nora ha sido chantajeada, al descubrir que era una mujer casada, y podría perder todo lo conseguido hasta este momento. El personaje de Nora, entonces, se mantiene igual a lo largo de la obra, no hay cambio alguno. Ni siquiera cuando debe enfrentarse a su hija. Una posibilidad perdida, según mi perspectiva, de darla una mayor tensión dramática que la confronte con la maternidad perdida. Sin necesidad, obvio, de renunciar a sjs sueños de realización personal.
Sin embargo, Nora se niega incluso a ver a su hija. Y solo accede por una cuestión de beneficio propio, pues Emmy sería la única que podría convencer a su padre de darle el divorcio a Nora. La trama transcurre sin mayores sobresaltos y se encamina a un final sin mayores sorpresas. Pero sobre todo con una Nora que termina igual a como empezó la obra. Hay un pequeño cambio en sus planes, es verdad. No lo menciono para no spoilear el desenlace. No obstante, ese cambio no obedece, y eso resulta evidente, al futuro de su hija, aunque así ella se lo manifieste, sino a la lucha en general de las mujeres y, sobre todo, de ella misma.
La puesta en escena de Lucho Tuesta es correcta. Nos cuenta la historia de manera sencilla y nos lleva sin mayores peripecias escénicas hacia el final. A pesar de que todo se desarrolla en una sola secuencia no decae el ritmo. En gran medida, al gran trabajo de Sandra Bernasconi, quien se luce con su interpretación de Nora. Violeta Cáceres, sobria como la nana Anne Marie y Augusto Mazzarelli no desentona en el papel de Torvald. Quien me sorprendió con muy buenos momentos es Lizet Chávez, quien como Emmy tiene momentos de tensión con el personaje de Nora, su madre. En ese juego de acción-reacción, entre los diálogos complejos a partir de una relación inexistente entre madre e hija, Chávez sale airosa y no se aprecia desnivel alguno frente a una actriz de reconocida trayectoria y talento como Bernasconi.
A pesar de todo, Casa de muñecas, parte 2 es una obra que vale la pena ver. Se presenta en el Teatro de Lucía, en Miraflores.

AFICHE DE LA PUESTA EN ESCENA, DIRIGIDA POR LUCHO TUESTA, EN EL TEATRO DE LUCÍA.